“La acelerada concentración de la riqueza en México nos pone en riesgo de un estallido social, la crisis puede tomar muchísimas caras, pero las dimensiones de la desigualdad ya son peligrosas en las condiciones actuales”, declaró en entrevista con la revista Buzos de la Noticia la directora del Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre (Oxfam) México, Alejandra Hass.
La concentración de la riqueza en pocas manos no sólo impide el desarrollo del país, sino que condena a millones de personas a una vida de carencias y precariedad.
En el mundo hay un poco más de dos mil 700 personas milmillonarias, la mayoría en Europa y Estados Unidos. En México hay 22 milmillonarios, un aumento significativo respecto al último reporte.
Lo más llamativo del país es que estas grandes fortunas no son nuevas, como sucede en otros lugares. En México llevamos entre 30 y 40 años con los mismos personajes acumulando riqueza. Ni el gobierno de López Obrador ni el actual han modificado el modelo económico diseñado para beneficiar a unos cuantos.
Estos magnates tienen la capacidad de influir desmedidamente en las decisiones políticas, legislativas e institucionales del Estado. Presionan a los gobiernos para controlar la legislación fiscal, logrando, por ejemplo, la eliminación del impuesto a la herencia y la inexistencia de un impuesto a la riqueza. Los gobiernos cambian, pero los millonarios siguen siendo los mismos.
Esta alianza entre los gobiernos y los milmillonarios solo es posible dejando a millones de trabajadores sin derechos laborales. Por ejemplo, en la construcción hay empresas formales—constructoras, cementeras, ingenieros y arquitectos—, pero los obreros carecen de seguridad social.
Lo mismo ocurre en el sector agrícola e incluso en el gubernamental, donde muchos profesores, enfermeras y médicos son contratados sin prestaciones.
Aun con preparación profesional, miles de trabajadores son despedidos sin piedad al término de sus contratos, sin posibilidad de progresar porque el modelo económico impide la movilidad social. La concentración de la riqueza en pocas manos solo genera más pobreza.
Los programas sociales ayudan a cubrir algunas necesidades, pero no elevan el nivel de vida de los beneficiarios. Un verdadero cambio solo será posible cuando los salarios permitan cubrir alimentación, vivienda, salud, educación e infraestructura básica.
Sin embargo, los gobiernos carecen de recursos porque su pacto con los millonarios impide una recaudación fiscal efectiva. Como resultado, el país no cuenta con un sistema universal de salud ni con educación de calidad, lo que se traduce en infraestructura deficiente, escasez de personal y bajos salarios para los trabajadores del sector educativo.
El modelo neoliberal no tiene entre sus prioridades mejorar la calidad de vida de la población. Su principal objetivo es el control de las mayorías a través de ayudas mínimas.
Los grandes capitalistas, aliados con el gobierno y con el imperialismo estadounidense, han convertido a México en un generador de mano de obra barata. Las armadoras de autos y autopartes son un ejemplo de esta situación.
El país no desarrolla tecnología propia porque el gobierno no tiene interés en invertir en una educación de calidad. No está en sus planes que las nuevas generaciones se conviertan en científicos, innovadores o creadores de tecnología, sino que continúen dependiendo del extranjero y se resignen a ser simples trabajadores.
Hoy se lee menos, millones de niños y jóvenes no asisten a la escuela, las drogas y la violencia los acechan, y no hay apoyos suficientes para el deporte ni la cultura.
Del 5 al 13 de abril, el Movimiento Antorchista Nacional celebrará la edición 21 de la Espartaqueada Nacional Cultural en Tecomatlán, Puebla. Más de 25 mil participantes —niños, jóvenes, amas de casa, obreros y campesinos— demostrarán su talento artístico. Es el pueblo organizado dando un paso al frente para inspirar la construcción de un México más justo, digno y culto. Será un evento exitoso, y todos están invitados.
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