MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Vuelve el pueblo al escenario: vuelven las Espartaqueadas

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Espartaco, cuyo nombre ha trascendido la historia como un símbolo de resistencia y libertad, fue un gladiador tracio que lideró una de las revueltas más significativas contra la república romana. 

Aunque los detalles exactos de su vida temprana son escasos, se cree que nació alrededor del año 111 a.C. en Tracia, una región que hoy abarca partes de Bulgaria, Grecia y Turquía.

La rebelión de Espartaco sigue siendo un símbolo de lucha y resistencia, demostrando cómo el pueblo oprimido puede levantarse frente a un sistema que lo deshumaniza.

Según el historiador romano Plutarco, Espartaco sirvió como soldado auxiliar en el ejército romano antes de ser capturado y vendido como burdo divertimento romano.

En el año 73 a.C., Espartaco fue llevado a la escuela de gladiadores de Capua, propiedad de Léntulo Baciato. Allí, junto con otros esclavos, fue entrenado para combatir en espectáculos públicos. Sin embargo, las condiciones brutales y la opresión que sufrían los gladiadores llevaron a Espartaco a organizar una rebelión.

Junto con unos 70 compañeros, logró escapar de la escuela y refugiarse en el monte Vesubio. Este evento marcó el inicio de lo que se conoce como la Tercera Guerra Servil (73-71 a.C.), la más grande y peligrosa de las revueltas de esclavos en la historia de Roma de las que, aunque se sabe poco, sí hay datos contundentes.

La rebelión de Espartaco atrajo rápidamente a miles de esclavos, campesinos y otros oprimidos, formando un ejército que llegó a contar con entre 70 mil y 120 mil miembros, según las estimaciones de los historiadores antiguos como Apiano y Lucio Anneo Floro. 

Espartaco demostró ser un líder astuto y un estratega talentoso, logrando varias victorias contra las fuerzas romanas. Entre sus triunfos más notables se encuentra la derrota de las legiones enviadas por los pretores Claudio Glabro y Publio Varinio.

A medida que la rebelión crecía, Espartaco y sus seguidores se movieron por toda la península itálica, saqueando ciudades y liberando esclavos. Sin embargo, a pesar de sus éxitos iniciales, el movimiento carecía de un plan a largo plazo.

Algunos historiadores, como Plutarco, sugieren que Espartaco intentó llevar a su ejército fuera de Italia, hacia los Alpes, para que los esclavos pudieran regresar a sus hogares. Sin embargo, esta estrategia no se concretó, y el grupo decidió permanecer en Italia, lo que eventualmente los llevó a su perdición.

En el año 71 a.C., el Senado romano encargó al general Marco Licinio Craso la tarea de sofocar la rebelión. Craso, con un ejército bien entrenado y disciplinado, logró acorralar a los rebeldes en el sur de Italia. 

Tras una serie de enfrentamientos, las fuerzas de Espartaco fueron derrotadas en la batalla final cerca del río Silario, en la región de Lucania.

Según el historiador Apiano, Espartaco murió en combate, aunque su cuerpo nunca fue identificado. Los sobrevivientes de la rebelión fueron capturados y crucificados a lo largo de la Vía Apia, como advertencia para futuros levantamientos.

Aunque la rebelión de Espartaco fue aplastada, su legado perdura como un símbolo de la lucha contra la opresión y la injusticia entre aquellos, cuya nobleza en el corazón arde como luminosa tea, como los antorchistas.

Su historia ha inspirado numerosas obras literarias, películas y movimientos sociales a lo largo de los siglos. Espartaco representa la resistencia de los oprimidos frente a un sistema que los deshumaniza, y su nombre sigue siendo sinónimo de libertad y dignidad.

En honor a la titánica tarea, el Movimiento Antorchista y, desde hace ya más de medio siglo, ha tomado como insignia de nuestra más alta plenaria nacional, el nombre de la lucha espartaquista, como también lo tenía una célula partidista de la que, posteriormente, se desprenderían parte de nuestros miembros más combativos.

De nueva cuenta, las Espartaqueadas regresan, demostrando la cultura del pueblo pobre, el punto álgido al cual nuestros compañeros pueden llegar, cuando se les educa. A propios y extraños los sacude en el corazón el ver a amas de casa, obreros, campesinos y toda la estirpe de los humildes del país hacer arte de tan alta calidad.

¿No debería ser esto motivo de orgullo nacional? Desde aquí hacemos un llamado enérgico a la gobernadora del estado a apoyar a los grupos estatales culturales para poder demostrar la cultura de nuestro estado en la sede más digna que tiene nuestro país: el recinto de la Atenas de la Mixteca.

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